
domingo, 20 de junio de 2010
No es lo que parece

Me pierdo
Ya no sé cual es cual.
Me despierto a oscuras, me duermo con un rayo de Sol entrando por la ventana, me vuelvo a levantar con el ocaso, es todo un mismo día. Cuando por fin me acuesto ya es de noche,¿ es la noche de ese mismo día?
Perdí la capacidad de distinguir mis 24 horas, ya no sé donde comienza la primera y menos donde termina la número 24. Ni siquiera sé si es verdad que se cumple dicha cantidad, a esta altura creo que me están robando el tiempo a mano armada.
De quién es esa mano misteriosa?, aun no lo descifré, cuando lo pueda averiguar será demasiado tarde, pues tendré sueño y me iré a dormir.
Mis días ya no tienen principio ni final, solo tienen un medio. Y en ese medio me encuentro siempre en el mismo lugar.
Si no sé cuando termina mi día no puedo fijar cosas para mañana. No tengo esa tranquilidad de no hacer hoy lo que puedo hacer mañana, PORQUE MAÑANA YA ES HOY.
Estoy viviendo un poco a contramano.
Creo que me estoy perdiendo en el tiempo.
Creo que estoy perdiendo mi tiempo.
viernes, 8 de enero de 2010
Mi primer mundial
Ya lo hice en otras ocasiones. Pero esta vez es distinto.
Nunca creí que llegaríamos tan lejos.
Y pensar que cuando empecé con esto mamá tenía la ilusión que sólo sea un típico capricho de una nena de tres años que quería seguir los pasos de su hermana mayor.
Pero acá estoy, doce años después arriba de 8 ruedas, lista para salir a pista junto a 23 compañeras increíbles que compartieron el mismo sueño de estar acá y la misma pasión por este deporte tan especial que es el patín artístico.
Hace diez meses que Fernando, nuestro mentor y un entrenador muy peculiar, nos convocó y nos dio detalles acerca del proyecto que tenía. A todas nos entusiasmo la idea y no lo dudamos ni un segundo, enseguida empezamos a fantasear juntos.
Al comienzo parecía todo tan difícil, pero si queríamos llegar a la meta no quedaba otra, era solo cuestión de práctica y esfuerzo. Teníamos muy claro que había que dejar todo en cada entrenamiento y comprometerse con el grupo. Nos esperaban tres evaluativos y sabíamos que solo clasificaban dos equipos, los mejores.
Los meses pasaron y con ellos dos torneos, se acercaba octubre y quedaba la última competencia, la que decidía nuestro destino. El primer puesto ya estaba asegurado para el grupo de Santa Fe, el segundo lo disputábamos entre varios.
El día llego y era nuestro turno, salimos a pista con la frente bien alta y a pesar que la hinchada local no nos favoreció dimos lo mejor que teníamos. Solo restaba esperar la puntuación para saber si estábamos adentro.
Escuchamos atentas, y entre aplausos y llantos de emoción lo logramos, clasificamos para el mundial, nuestro primer mundial.
Hoy, después de un mes y medio de ajustes coreográficos esperamos atrás del telón. Solo faltan 15 minutos para salir a hacer lo nuestro. Esta vez somos locales.
Por ahora estoy relajada, es momento de hacer amistades con nuestros rivales santafesinos, con los que meses atrás nos sacábamos los ojos con cantitos de cancha modificados con el único fin de molestar. Hoy, si bien seguimos enfrentados por la competencia, estamos del mismo lado, en representación del país.
Hablo con una chica, con otra y compruebo que son buena onda, sigo mi camino en busca de gente simpática y escucho que por micrófono anuncian a Italia, eso quiere decir que después vamos nosotras.
Fer nos reúne, parece que va a dar la típica charla técnica. Pero no, esta vez el discurso es emotivo, nos expresa su orgullo, nos agradece, nos felicita, nos alienta. Lo interrumpe una de las chicas y le pide por favor que lo diga, y él, con la voz entrecortada, lo dice – chicas, las quiero-. Todas reímos porque sabemos que solo lo dice en ocasiones especiales, y esta resulta ser una. Sus palabras son tiernas, poco común en él, nos toco el corazón a todas. Hago fuerza y trato de pensar en otra cosa para no llorar, no es que me de vergüenza que me vean con lagrimas en los ojos, sino que no puedo permitir que se corra el maquillaje.
Juntamos las 25 manos en el centro y al grito de ¡mierda! Nos separamos, faltan apenas unos minutos para enfrentar al público y a los diez jueces.
Ahora si empiezo a sentir la presión. Parece que alguien comprime mi panza con fuerza y no me deja respirar, tengo un nudo en la garganta y las manos congeladas, pero transpiradas. Este maldito casco de látex me comprime el cerebro y el traje esta tan ajustado que siento como todas y cada una de las lentejuelas y mostacillas pinchan mi cuerpo como si fuesen pequeñas alfileres, me pica.
Tengo la boca seca, las palabras no me salen. No puede pasarme esto, soy una de las encargadas de llevar la cuenta adentro de la pista. Con 15 años pertenezco al reducido grupo de las mas chicas ¿quién me mando a mi a asumir semejante responsabilidad? ¿Y si me pierdo yo? Creo que voy a tener un ataque de pánico, pero me calmo. Sé que puedo hacerlo, al fin y al cabo yo misma decidí encargarme del famoso 5, 6, 7, 8 y lo hice porque me siento segura y sé que puedo llevar el control.
Estoy asustada, nerviosa. Tengo mucha expectativa sobre lo que pueda llegar a suceder y a la vez tengo un miedo terrible que no me deja pensar.
Le dan la puntuación a Italia y se retiran de la pista.
Es la hora, junto con tres compañeras sostengo la enorme tela roja que usamos al final. Escucho al locutor pero no entiendo lo que dice, de repente siento unas ganas tremendas de hacer pis, no aguanto, no se que hacer. Ahora si lo entendí, dijo Apocalipsis animal, Argentina, esas somos nosotras. Ya tenemos que entrar, no quiero avanzar, no es que no quiero, no puedo, siento que los patines se encogieron y me aprietan, se me durmieron los dedos de los pies. Avanzo, no se como pero estoy adentro. Miro la tribuna y no encuentro ni un espacio vacío, miles de personas alientan por nosotras, cantan por argentina. En el instante que las escucho desaparecen todos los temores. Ahora siento seguridad, fuerza, orgullo, emoción. Sé que esto es lo que siempre quise y me siento feliz de haberlo logrado.
Me ubico en mi lugar y empieza la música, es como si hubiesen apagado al público, ya no los escucho, tampoco los veo. En este momento para mi solo existen 23 personas mas, ente las cuales se encuentra mi hermana, la responsable de que yo esté acá.
Estos cinco minutos y medio hacen que valga la pena tanto esfuerzo. Tantos entrenamientos hasta altas horas de la madrugada, tardes enteras de domingos encerradas en un club, viajes a las provincias para competir, peleas, frustraciones, bajos puntajes que nos ayudaron a crecer, llantos, risas, el traje (que primero pintado, que después bordado), el casco (con el agregado de pelo real de cola de caballo), recuerdos, lindos momentos.
Estos cinco minutos y medio son nuestros y nadie nos lo va a quitar.
Pero pasaron rápido, salio todo impecable. Ahora tengo la boca seca pero por una justa razón, estoy agitada y el corazón me late a mil. Recibimos la puntuación y nos retiramos. Al borde la pista nos esperan Fer y Ale, nuestro psicólogo por naturaleza, el que siempre nos levanta y animo y alimenta nuestro ego. Nos abrazan, nos besan, nos felicitan.
Juntos miramos el resto de la competencia en una de las tribunas. Al finalizar comprobamos que el resultado no es el que esperábamos con un triple empate en el cuarto puesto. Veo algunas caras de desilusión, de tristeza. Las respeto, pero no comparto el sentimiento. Yo estoy muy feliz. No llegamos al podio y arañamos una medalla, pero a mi nadie va a borrarme el recuerdo de haber competido mi primer mundial en el Luna Park frente a casi 6.000 personas. Es un sentimiento difícil de explicar con palabras.

miércoles, 21 de octubre de 2009
Dicen que al primero no te lo olvidas, ¿será porque fue el único?
La respuesta vino de inmediato, y con un tono de autoreclamo. Fue un rotundo NO.
Es obvio que hubo “amores imposibles” a lo largo de mi vida, que no conquisté porque no estaban y aun no están a mi alance, otros amores no se concretaron porque de manera lamentable no se alinearon los planetas y la luna no estuvo en Júpiter justo a las 2:45 de ese día como para que sucediera lo anhelado, y hubo amores simples que los tuve para no sentirme tan sola.
Recuerdo que cuando iba al jardín quise tener mi primer noviecito. Estaba muy enamorada del sujeto en cuestión, y él muy enamorado de mí. Todo marchaba sobre ruedas, y con la suerte a mi favor nos pusimos de novios. Éramos dos niños felices y cegados por el amor. Pero al ser él un año mayor se quiso aprovechar de la situación y quiso darme un beso, un beso de novios. No supe que hacer, entonces huí. A los pocos días cumplí 6 años, y el “abusador” tocó mi timbre. Le imploré a mamá que no abriera la puerta, pero creyó que era un capricho de nena, entonces lo invitó a pasar. Me miró desde la entrada con esos ojos extraños que tenía, estiró la mano y me regaló un ramo de flores. Creí que estaba arrepentido, que venía a disculparse por llevar la relación con tanta rapidez. Pero me equivoqué, venía sólo a desearme un feliz cumpleaños, a comer torta, a jugar y a entregarme ese patético ramo de flores DE PLÁSTICO. Sí, eran de plástico. Las recibí con una falsa sonrisa en mi rostro, pasamos mi cumpleaños juntos, y días después le dije que no quería ser más su novia, y argumenté estar enamorada de otra persona. Esto no recuerdo si fue mentira o verdad, me lo contó él hace unos meses, cuando gracias al poderoso invento del facebook me encontró y me lo hecho en cara, como novio despechado. A las flores no las tiré, las guarde durante años como muestra de lo horrible que eran. Y para terminar de convencerme de que las flores no me gustan.
Conste que yo quise tener un novio, pero las cosas no se dieron como yo esperaba. Ese fue el único novio que tuve en mi infancia, mejor dicho: en toda mi vida. Estoy convencida que estos 15 años de mala suerte en cuestiones del amor fueron obra de la maldición de Erwin, que hasta nombre raro tenia, mi único novio.
Moraleja: si tu novio te quiere dar un beso cuando vos no queres, no huyas, decile que se ubique; si te regala flores de plástico, aceptalas, quizá no tiene presupuesto para unas de verdad, pero avisale que las recibís sólo porque lo queres, pero que para la próxima se ponga media pila; si tu ex te agrega al facebook, aceptalo y hacele notar que tuviste una vida plena sin el.
Y por último, no importa que nunca hayas tenido novio, siempre hay un amor platónico como Martín Palermo a la vuelta de la esquina.
En definitiva, ¿cómo soy?
Hace dos días amanecí con 21 años y sin captar el rumbo de mi vida. Quizá fue por la emoción de cumplir la mayoría de edad y emanciparme de una vez por todas.
Pero, ¿para que voy a querer yo ser grande y no depender de mis viejos?, si en definitiva son ellos los que me bancan y no pienso irme a ningún lado. En fin, la cuestión es que desperté y sentí un enorme vació, me calce los pantalones rayados, para no olvidar que llevo mi personalidad a cuestas y partí rumbo a mc donalds, tenía hambre.
En el viaje hice un ligero repaso por estos intensos años de vida, y me encontré con situaciones alegres, otras tristes, y lo que más me llamó la atención fue un interrogante que me planteé: ¿porque actuó de tal o cuál manera?
Ya soy una persona grande debería saber porque las pastas dentales fluors me inspiran mas confianza que las blancas, debería dejar de comer pipas cada vez que miro una película o escribo algún texto, y tratar de evitar hacer ese ruido molesto cuando se rompen en mi boca, debería dejar de escribir con lápiz y agarrar una lapicera como hacen las personas adultas. O saber porque no me gusta dejar el volumen de la tv o el mp3 en número impar, es una gran boludes, pero soy amiga de los pares. Tampoco entiendo porque abro y cierro el celular diez veces seguidas, y miro la pantalla conciente que no hay nada nuevo, como ser un mensaje o una llamada, pero ahí estoy manipulando la tapita a la espera de una novedad. Ya es hora que empiece a usar paraguas como lo hacen los mayores y dejar de mojarme como una boluda cada vez que llueve, con la excusa que no conseguí el modelo que yo quería para mi paraguas, entonces no quiero usar uno feo. No sé porque cada vez que tengo una idea para escribir me termino yendo por las ramas y escribo cualquier cosa menos la idea que tenia. Muchos menos entiendo porque estoy tan creída que voy a conocer a Martín Palermo, y no entiendo porque lo nombro en cada texto.
Con esto me di cuenta que ni yo me entiendo, pero que cada detalle hacen que yo sea como soy.
Si usaría dentífrico blanco; no comería pipas; no haría ruido al comerlas; agarraría una lapicera para escribir; dejaría el volumen en número impar; no abriría el celular; usaría paraguas; escribiría la idea principal; o perdería la ilusión de conocerlo a él, no sería como soy. Y en definitiva, ¿como soy? Así, con mis pequeños mambos, que marcan una personalidad particular. Todo el mundo tiene actitudes sin lógica, yo no me excluyo.
